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03 agosto 2010

Cuando se inauguró en el año de 1987, fue considerada como un modelo de complejo habitacional:

El Fonavi es la tierra de nadie

La otrora prestigiosa urbanización Baltazar Martínez de Compagñon, en Morales, parece que fuera una urbanización que languidece, solo añorando que cuando se inauguró en el año de 1987, fue considerada como un modelo de complejo habitacional. Veintitrés años después no es ni la sombra de lo que esperaban quienes fueron a vivir apenas se autorizó la ocupación de las viviendas construidas en el gobierno de Fernando Belaunde Terry, y entregadas en el de Alan García Pérez.
Los moradores comenzaron por considerar a este otrora hermoso complejo, como el lugar donde podrían hacer lo que les viniere en gana, a pesar que la ciudadanía en general lo considerara un modelo habitacional. Hicieron ampliaciones sin considerar ningún patrón urbanístico y muchos, como los propietarios de la manzana “F”, dejaron sin jardines a los vecinos, porque simplemente se apropiaron de las áreas verdes, porque colocaron muros que ya no permiten ver dichos jardines, porque estos han desaparecido quitando a la gente el privilegio de disfrutar el paisaje, según nos expresó un indignado vecino que por ahora no rebelamos su identidad.
Señala que el FONAVI ya no tiene el diseño urbanístico original de sus primeros años, porque se han hecho construcciones en donde el buen gusto escasea, cuando no es el capricho personal lo que ha predominado, como dicen algunos vecinos, cuando en un comienzo se consideró que la flor y nata de la burocracia y de la empleocracia local haría de esta otrora bella urbanización un paraíso.
Hemos recorrido esta urbanización después del nuevo ordenamiento del tránsito en la ciudad y podemos comprobar que este complejo es la radiografía repetida de nuestros centros urbanos, donde prima el mal gusto, el desorden y la suciedad. Es lamentable, por ejemplo, que el reducido sector entre el Jardín de Niños y la Manzana C, frente a la pista que lleva al local militar acantonado en Morales, sea ahora un botadero permanente de basura, ante lo cual los vecinos no tienen la capacidad de protestar. O sea, los que quieren hacer un chiquero del barrio donde viven, parecieran contar con la tolerancia de los otros vecinos. Otros vecinos, cuando construyen, sus desmonten los dejan por meses en la vía y esperan que el municipio al final los recoja.
Se podría decir, sin ofender, que han desaparecido los valores de la solidaridad, y donde el orden y la limpieza, como prácticas de ciudadanía, no está en el diccionario de los vecinos. Esta situación se ha complicado con los nuevos paraderos interprovinciales, ubicados al costado del Coliseo Cerrado y en la avenida Salaverry, que ha alterado aún más la vida en esta otrora tranquila pequeña villa.
Hemos entrevistado al Ing. Willian Gallegos Arévalo, ex presidente de esta urbanización, quien nos dijo que lo que se necesita es recuperar el principio y criterio de buenos vecinos y el espíritu de comunidad. Recordó que la mayoría de los vecinos tienen poca voluntad para participar y poco corazón para apoyar las iniciativas, aunque hay quienes siempre responden a las convocatorias. Dijo que, cuando fue presidente, algunos vecinos negaban su colaboración aduciendo que no son los propietarios y que siendo inquilinos no tienen responsabilidad para ayudar en el orden y la limpieza.
En realidad, lo comprobado en este otrora paraíso es el recuerdo de una frustrada esperanza, porque ahora algunos malos vecinos queman su basura contaminando el ambiente y sin importarles la salud de la gente, y parece que no hay autoridad que funcione. Hemos visto que en la manzana “B” han puesto hasta talleres de mecánica de motos, lo que demuestra el poco criterio de alguna gente, cuando no abuso, prepotencia y un desprecio a la opinión de los otros vecinos, expresó.